El control obsesivo no fortalece a la empresa; la vuelve torpe.
En muchas compañías peruanas persiste una creencia peligrosa: que el orden nace del control administrativo. Más formatos, más firmas, más validaciones. El resultado suele ser el opuesto. La empresa se mueve lento, decide tarde y pierde oportunidades. Mientras tanto, el mercado no espera.
Disciplina de mercado
La disciplina que realmente eleva la competitividad no viene de la oficina de control interno, sino del mercado. El liberalismo clásico lo ha dicho siempre: cuando los incentivos están bien diseñados, el comportamiento se ordena solo. En la empresa ocurre lo mismo. Donde hay responsabilidad clara, costos visibles y consecuencias reales, la eficiencia emerge sin necesidad de vigilancia permanente.
El exceso de control administrativo reemplaza el criterio por el procedimiento. El gerente deja de pensar estratégicamente y se convierte en supervisor de cumplimiento. El equipo ya no compite por resultados, compite por no equivocarse. Así se mata la innovación y se premia la mediocridad cautelosa.
La disciplina de mercado es distinta. Obliga a responder por resultados, no por intenciones. Expone errores rápido y corrige antes. Premia al que crea valor y desplaza al que no. No necesita micromanagement porque el sistema castiga y recompensa de forma natural. Esa es la lógica que hace eficientes a los mercados y, cuando se replica internamente, a las empresas.
Las organizaciones que entienden esto reducen controles ex ante y fortalecen la rendición de cuentas ex post. No preguntan “¿seguiste el procedimiento?”, sino “¿qué resultado generaste?”. No miden actividad, miden impacto. No protegen cargos, protegen valor.
Para la alta dirección, el dilema es incómodo pero inevitable: o sigue acumulando controles para sentirse segura, o diseña un sistema donde la disciplina provenga del resultado y no del papeleo. Lo primero tranquiliza. Lo segundo compite.
En un entorno empresarial exigente y volátil como el peruano, la ventaja no está en controlar más, sino en alinear mejor. Menos administración interna. Más lógica de mercado. Ahí empieza la empresa verdaderamente competitiva.
por José Luis Tapia Rocha, economista, Director General de ILE, Catedratico de Economía Politica.
El control obsesivo no fortalece a la empresa; la vuelve torpe.
En muchas compañías peruanas persiste una creencia peligrosa: que el orden nace del control administrativo. Más formatos, más firmas, más validaciones. El resultado suele ser el opuesto. La empresa se mueve lento, decide tarde y pierde oportunidades. Mientras tanto, el mercado no espera.
Disciplina de mercado
La disciplina que realmente eleva la competitividad no viene de la oficina de control interno, sino del mercado. El liberalismo clásico lo ha dicho siempre: cuando los incentivos están bien diseñados, el comportamiento se ordena solo. En la empresa ocurre lo mismo. Donde hay responsabilidad clara, costos visibles y consecuencias reales, la eficiencia emerge sin necesidad de vigilancia permanente.
El exceso de control administrativo reemplaza el criterio por el procedimiento. El gerente deja de pensar estratégicamente y se convierte en supervisor de cumplimiento. El equipo ya no compite por resultados, compite por no equivocarse. Así se mata la innovación y se premia la mediocridad cautelosa.
La disciplina de mercado es distinta. Obliga a responder por resultados, no por intenciones. Expone errores rápido y corrige antes. Premia al que crea valor y desplaza al que no. No necesita micromanagement porque el sistema castiga y recompensa de forma natural. Esa es la lógica que hace eficientes a los mercados y, cuando se replica internamente, a las empresas.
Las organizaciones que entienden esto reducen controles ex ante y fortalecen la rendición de cuentas ex post. No preguntan “¿seguiste el procedimiento?”, sino “¿qué resultado generaste?”. No miden actividad, miden impacto. No protegen cargos, protegen valor.
Para la alta dirección, el dilema es incómodo pero inevitable: o sigue acumulando controles para sentirse segura, o diseña un sistema donde la disciplina provenga del resultado y no del papeleo. Lo primero tranquiliza. Lo segundo compite.
En un entorno empresarial exigente y volátil como el peruano, la ventaja no está en controlar más, sino en alinear mejor. Menos administración interna. Más lógica de mercado. Ahí empieza la empresa verdaderamente competitiva.
por José Luis Tapia Rocha, economista, Director General de ILE, Catedratico de Economía Politica.