por José Luis Tapia Rocha, Economista, Director de ILE y Catedratico de Economia Politica.
En el mundo empresarial actual, donde las decisiones pueden ser influenciadas por ideologías colectivistas y burocráticas, el liberalismo clásico se presenta como una herramienta poderosa para consolidar el liderazgo del empresario. Sus principios fundamentales —la libertad individual, la propiedad privada y el gobierno limitado a justicia, seguridad y obras de infraestructura— permiten crear una organización eficiente, meritocrática y altamente productiva.
Individuo
Uno de los pilares del liberalismo clásico es la presunción de la libertad y la primacía del individuo. En la gestión empresarial, esto significa que cada trabajador es responsable de su destino profesional y que el éxito debe ser el resultado del esfuerzo personal. Un empresario que adopta esta visión no solo impone orden en su organización, sino que genera un ambiente en el que la productividad y la competencia sana se convierten en los principales motores de crecimiento.
Propiedad privada
Otro elemento clave es la propiedad privada. Desde esta perspectiva, la empresa es una extensión del liderazgo del empresario. Su autoridad no es arbitraria ni negociable, sino que surge del derecho legítimo de dirigir y estructurar la organización según su visión porque es propiedad suya. La propiedad privada también refuerza el compromiso del trabajador, pues le permite ver el éxito empresarial como un reflejo del esfuerzo individual dentro de un sistema basado en reglas claras y justas.
Gobierno limitado
En este sentido, el principio de gobierno limitado es fundamental. Al igual que en una sociedad libre donde el Estado debe limitarse a impartir justicia, garantizar la seguridad y construir infraestructura básica, una empresa debe mantener su estructura enfocada en tres pilares esenciales:
- Justicia interna: Reglas claras y justas que eviten favoritismos y arbitrariedades, asegurando que las decisiones se basen en el mérito y el cumplimiento de objetivos.
- Seguridad organizacional: Protección contra amenazas internas o externas, ya sean fraudes, conflictos laborales o ideologías que atenten contra la estabilidad de la empresa.
- Infraestructura eficiente: Creación de procesos sólidos y recursos adecuados para que los empleados puedan desempeñarse de manera óptima dentro de la organización.
Al aplicar estos principios en la gestión empresarial, el empresario no solo fortalece su autoridad, sino que también transforma la cultura organizacional en un entorno de alto rendimiento. En un sistema liberal clásico, las promociones y reconocimientos no dependen de la antigüedad o de presiones colectivistas, sino de los resultados y la capacidad individual. Esto garantiza que los mejores talentos sean recompensados y que la empresa crezca sobre bases sólidas.
En conclusión, el liberalismo clásico no es solo una teoría económica, sino una herramienta de poder y liderazgo para el empresario. Aplicado correctamente, permite consolidar la autoridad del líder, fortalecer la disciplina interna y convertir la empresa en un bastión de eficiencia y éxito. La gestión empresarial basada en estos principios no solo crea riqueza, sino que también genera respeto y credibilidad para el empresario ante sus trabajadores y el mercado.